20.11.05

Relato: Invitación a la vida

Andando en la calle, sin rumbo fijo, entraste en mal lugar

miradas oscuras, cargado el ambiente, te cuesta respirar

sólo dos ojos desde la barra te incitan a soñar

y siente tu rostro algo parecido a la brisa del mar…

La Bruja (Mägo de Oz)


Dicen los budistas que la clave para evitar el dolor es controlar el deseo, pues la base de todas nuestras frustraciones es aquello que ansiamos pero no podemos conseguir. Hay que evitar, por tanto, desear lo inalcanzable. Aquella noche, sin embargo, pese a ser esta máxima su ley de vida, un vacío interior le inundaba el pecho, y él sabía que el vacío no es más que el hueco que reserva nuestro alma para ser llenado el día en que alcancemos nuestros anhelos. El frágil equilibrio que gobernaba su mente estaba, pues, roto, y nuestro amigo luchaba cual marino en mitad de una tempestad por recobrar el rumbo.

Salió pues aquella noche a intentar llenar ese hueco, incapaz de enderezar el barco de otro modo. Y la mar revuelta le llevó por oscuras calles de la agitada noche madrileña, por ambientes en los que aquel día se sentía extraño, donde no podía evitar sentirse observado por cuantos le rodeaban. Sabía que no le miraban más que a cualquier otro, pero el nerviosismo que se había apoderado de él le empañó la lógica.

Normalmente era un hombre alegre, espontáneo y seguro de sí mismo, pero aquel día su niño interior, aquel en el que habitan nuestros miedos y anhelos más profundos, parecía haber despertado del letargo en el que vivía y lloraba histérico en medio de la noche, un niño caprichoso e insensato que le estaba llevando a aquellas intempestivas horas a pasear entre chavales y borrachos, entre juerguistas y fiesteros entre los que en otros tiempos se habría sentido como en casa, pero que en ese momento, sólo y roto, le producían una extraña mezcla entre respeto y asco.

No tenía una idea clara de dónde quería ir, de modo que se puso en manos del azar y entró en el primer garito que encontró a su paso. Nada más entrar se sintió aún más incómodo que ahí fuera, una atmósfera opresiva le agobiaba, y tenía la sensación de no ser bien recibido. Era una sensación estúpida, pero como ya he dicho, la lógica no era ahora quien llevaba las riendas. Recorrió el local con la mirada, buscando con desidia algún lugar hacia donde ir. Y algo llamó su atención desde la barra. Era una chica rubita, con un cuerpo y un rostro bastante normales, pero no eran éstos los que habían llamado su atención. Al mirarla, había tenido la sensación de que la de esa chica era la primera sonrisa sincera que veía en mucho tiempo, una sonrisa abierta y amplia que llenaba su rostro mientras la atendía el barman. La vio entonces como una luz brillante entre la penumbra, como algo puro a lo que aferrarse, una de aquellas cosas difíciles de encontrar que nos recuerdan de vez en cuándo por qué seguimos buscando. Y decidió que él también quería una sonrisa suya, quería hablar con ella.

De repente, tuvo un motivo para despertar, recuperó un poquito de su aplomo, y algo de su confianza, e incluso una tímida sonrisa empezaba a cosquillearle en los labios. Se acercó a la chica y empezó a hablar con ella, de esa manera entrañable en que él lo hacía, con una mezcla entre descaro y humildad. Aquella noche, además, su aire desvalido tenía cierto encanto. Se sentó junto a ella y le dijo algo así como “hola, me apetece hablar contigo… no, no estoy intentando ligar, lo digo por si tu novio está por aquí cerca, que no me meta un par de ostias”, pausa, sonrisa, “venga, que te veo dudar, ahora es cuando me miras con cara de desprecio y me dices que me largue”, y otra sonrisa. Aquella chica, sin haberle dicho una sola palabra, estaba consiguiendo resucitarle.

Y empezaron a hablar, y según pasaba el tiempo, y la mirada de ella se mantenía fija en sus ojos, mientras esa sonrisa le producía un cosquilleo en el alma, se sintió él otra vez. Quizás sólo era un espejismo, quizás dentro de un rato ella daría media vuelta y se iría, quizás su sonrisa no fuera tan sincera al fin y al cabo. De momento, aquella chica le estaba cogiendo la mano mientras hablaban, y él deseaba besarla.

Ella le había invitado de vuelta a la vida.


Comentarios:
He leido tu post mientras escuchaba "arms of a woman" de Amos Lee. Evocador....
 
Simplemte...sin palabras. Sólo espero poder tener la oportunidad d q m resuciten d ese modo. GRacias x devolvernos un cacho de realidad día a día.1besazo.
 
Publicar un comentario

<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?